Señor
Molina, hoy descansó mi alma leyendo su columna en VIVIR EN EL POBLADO. Voy a
explicarle por qué.
Al
final de la década de los 60 terminaba yo mi bachillerato y me aficionaba a
guardar algunos ahorros para invitar a mis noviecitas a los restaurantes que
para mi eran elegantes en el centro de Medellín. Recuerdo El Lombardo, el
Tonino, la Heladería San Francisco al
lado del Teatro Lido, La Doña María, el Café Versalles y el Astor en
Junín. Cuando mis raíces montañeras de Armenia Mantequilla, me apuraban mucho,
iba solo al La Fonda Antioqueña que quedaba en Maracaibo diagonal al Teatro y
cerca del salón de billares del mismo nombre.
En
La Fonda Antioqueña tenía dos predilecciones: unas veces ganaba un plato de
mondongo y otras Frijoles con chicharrón o carne. En la carta no aparecía
entonces la Bandeja Paisa.
Concluido
mi bachillerato, salí de Antioquia y luego del país por cortos años. Y al
regresar me sorprendió encontrar en las cartas de los restaurantes la
extravagancia de la Bandeja Paisa.
Nunca
me pregunté seriamente de dónde había salido ese adefesio tan tentador, pero allá en mi conciencia navegaba
la pregunta. Y cada vez que la he ordenado en algún restaurante o en una Fonda
Caminera, me queda además de la pesadez en el estomago, una sensación de cargo
de conciencia.
Leyendo
su columna de hoy he comprendido a qué se debe ese malestar como de haber
pecado, que me queda cada que caigo en la tentación de enfrentarme a la tal
Bandeja Paisa.
Yo
no identifico lo verdaderamente Paisa con la gran ciudad. Los Paisas somos
montañeros y ser montañero es ser de pueblo, campesino. Y lo campesino es
sobrio, recatado, austero y casi siempre pobre.
Y
la Bandeja Paisa no tiene nada de
sobria, recatada, austera y mucho menos de pobre. La Bandeja Paisa y es el
alarde de riqueza que hace el nuevo
rico, el traqueto que coronó el envío, ante los pobres de su pueblo o ante los
visitantes elegantes. ¡Mija, sírvale de todo lo que haiga en la cocina a los Señores! ¡Que no se note en la mesa la HP
pobreza!
Sí,
yo no conocía la Bandeja Paisa y usted hoy me enseñó su poco honorable origen.
Muchas gracias.
De
hoy en adelante yo seguiré pidiendo Frisoles con Chicharrón, carne o chorizo.
Que me sirvan un plato montañero de frisoles en su tinta y con hogao. Cocinados
con plátano hartón viche y pellizcado, y aparte en un platico de seco: el arroz
blanco, alguna de las tres proteínas fritas en manteca, unas tajadas de maduro
o dos patacones, la arepita redonda y de cascara gruesa y medio aguacate bien
cremoso.
Muchas
gracias por sus lecciones de verdadera gastronomía y el maridaje que nos hace
con la Antropología
León
Montoya Naranjo.
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