miércoles, 22 de octubre de 2014

EL FRACASO DE LOS DOS

EL FRACASO DE LOS DOS.
“Hay que construir una salida que signifique la victoria para los dos,
y en el peor de los casos que signifique una derrota para los dos”.

Estas palabras del Subcomandante Marcos, dichas en una entrevista con García Márquez y Roberto Pombo en marzo de 2001, me abren luz sobre los diálogos de paz en La Habana.

No puedo pensar como colombiano, que los diálogos puedan terminar con la victoria de un grupo de terroristas, narcotraficantes, reclutadores de niños, violadores de niñas, sembradores de minas quiebrapatas y depredadores del medio ambiente.
Tampoco pensar que la paz que firmen se corone con el premio Novel al representante de un gobierno que traicionó las banderas que enarbolaba cuando lo eligieron, y digo, eligieron, porque yo no voté por él y jamás lo haría. Con la paz firmada por un mentiroso que hoy dice una cosa y mañana otra. Por un cañero jugador de póker, quien por conseguir un voto más, pone en boca de sus contrincantes y de sus espectadores, palabras y significados que ellos no han dicho. Y abraza como nuevos y mejores amigos a quienes masacran la democracia en el vecindario.
Para mí la segunda alternativa que profetizó el subcomandante Marcos es la mejor manera de terminar las conversaciones de paz en La Habana. Si, con la derrota para los dos grupos sentados alrededor de esa mesa. En esa mesa donde faltan muchos y no hace falta que lleguen los que faltan para que el fracaso no se diluya entre tantos.
Fracasaron la FARC en tratar de demostrarnos que por las malas se podían tomar el poder y gobernarnos.
Fracasaron al querer imponernos que todo camino, medio, estrategia o arma es válida a la hora de hacer una revolución. Todo ser humano que intenta la fuerza de las armas como el camino para imponerse ante otro, ya ha fracasado como ser humano.
Y fracasarán más allá de la firma de paz, al no entregar las armas, dejándolas como alternativa para imponer su ideología, si es que tienen ideología.
Fracasó un gobierno que traicionó a sus electores, incumplió su programa y pisoteó las banderas que le dieron. No es que no tenga razón cuando dice que es estúpido no cambiar cuando las circunstancias así lo exigen. No es por eso, es que cambiar por beneficio personal maquillado de beneficio general es antiético. Es que yo no puedo calificar a un grupo como terroristas y narcotraficantes, y a vuelta seguida como luchadores por la democracia. Es que no se puede abrir el camino al legislativo, a decidir el futuro de la patria, a quienes por cincuenta años no han hecho más que destruir su futuro y su riqueza.
Fracasó lo que llaman democracia, cuando nuevamente, por enésima vez, se logran adhesiones, votos y lealtades, por el trajinado camino de las prebendas, las dádivas y la repartición de mermelada. Y no podemos olvidar que eso que hoy llamamos mermelada, es el patrimonio de todos los colombianos, el fruto de nuestro trabajo, las riquezas que hemos ahorrado para hacer escuelas, hospitales, carreteras…
No es que no tenga razón cando dice que la paz es un bien supremo y necesario para poder transitar las sendas del progreso. Eso es verdad. Lo que no es verdad, es que la paz se puedo lograr con impunidad. No podrá haber paz sin justicia, sin reparación, y no hablo de cantidad de penas y de tiempo en las cárceles. Yo hablo de reconocimiento de errores y pecados. De abrazos de perdón y de reconciliación. Yo hablo de la verdadera posibilidad de tomarnos de las manos para emprender el camino de la reconstrucción y no de ocultarnos temerosos tras de fronteras invisibles que no podamos cruzar sin el riesgo de perder la vida. Fronteras que seguirán trazándose con el lápiz del dolor, del resentimiento y tentaciones de venganzas. Con los hilos aparentes del olvido en un mapa sembrado de recuerdos explosivos.
Fracasó el capitalismo cuando, disque se crean más y más empleos, sin que se logre disminuir el hambre, la ignorancia y la falta de atención en los hospitales. Lo único que se percibe sin lugar a dudas, es que los ricos son cada vez más ricos y sus impuestos o contribuciones, cada vez más blandos.
Fracasó el sistema cuando cada día hay más acceso a la educación superior y esa educación no es de calidad y con ella no se abren las puertas del empleo.
Fracasó el comunismo, fracasó el capitalismo y ese si es el fracaso de todos.
Es necesario reconocer que hemos fracasado todos y humildemente reiniciar la marcha en búsqueda de la tierra prometida.


León M.N. junio de 2014.

¿QUÉ HACER CON MEDELLÍN

¿QUÉ HACER EN MEDELLÍN?
O si prefiere:
¿QUÉ HACER CON MEDELLÍN?
He reaccionado a una columna de VIVIR EN EL POBLADO, a la que respondí con mi texto: Da Grima.
Y hoy me tiran nuevamente de la lengua con la publicación del Tiempo:
Si ha leído los textos que le propongo arriba, sabrá usted de que estamos hablando y espero haber ganado su interés en estos temas.
En mi deambular por la Ciudad de la Eterna primavera, (Ahora lo hago en las mañanas, porque en las tardes es una eterna llovedera) observo los bajos de los puentes, las bocas de las alcantarillas, los parques, las glorietas, los separadores de las avenidas, los lotes abandonados o de engorde, los solares descuidados, los edificios en procesos de extinción de dominio, los árboles grandes y coposos, los taludes de las canalizaciones, los recovecos de las columnas de los edificios, los de las columnas que sostienen el viaducto del metro y las zonas verdes que hay a lo largo de esta vía, los edificios dejados en obra negra o abandonados por mil y una razones, muchos de los andenes y otros lugares que sin duda se me escapan.
Todos esos lugares que no son pocos y que ocupan, en conjunto, una extensión grande de esta sufrida ciudad, tiene algo en común: Su situación (Ambiente, aseo, presentación y uso) y en segundo lugar sus habitantes. (Indigentes, habitantes de la calle)
No necesito salir a deambular para darme cuenta de otra realidad de mi ciudad, aunque serviría para complementarla y comprobarla: el desempleo, el empleo informal, el abuso con el espacio público y todos, todos los llamados delitos callejeros.
Atando cabos o juntando una cosa con la otra, se me ha ocurrido una idea que quiero proponerle a nuestros administradores: alcalde, concejales, político y fuerzas vivas. (Eso sí, advirtiéndoles que no se vayan a pasar de vivas)
Me parece que si el famoso Goyeneche, aun estuviera vivo, a él ya se le hubiera ocurrido lo que les voy a proponer.
Los lugares públicos y privados que antes enumeré, están sucios, inmundos, hediondos, malsanos, invivibles, intransitables. Habitados por ratas y otras alimañas y allí tiene que ir a dormir, a copular, a orinar y defecar los habitantes de las calles. (Que según las estadísticas del Dr., Juan Carlos Vélez Uribe,  son sólo  3.200 individuos.
Si por necesidad esos compatriotas de nosotros, que haciendo uso de su derecho a la libre determinación y al libre desarrollo de su personalidad y a la libertad reconocida de expresarse, decidieron convertir muchos de los lugares enumerados, en su dormitorio y su letrina particular, porque no, las autoridades con el fin de hacer lo que a ellas les compete, que es: Campañas de higiene, salud y saneamiento ambiental, y generación de empleo, hacen esto que les propongo:
Contraten con buen sueldo, uniforme y vinculación a la E.P.S., a estos ciudadanos habitantes de la calle. Pónganlos a construir sus asentamientos familiares, allí mismo donde están. Pero con alcantarillado y acueducto y decorosas instalaciones sanitarias. Con buenas duchas y agua caliente para que no tengan temor a bañarse diariamente. Las habitaciones no tiene que ser muy amplias pues a ellos lo que más les gusta es la actividad al aire libre, que es hoy tan recomendada para la salud física y mental. De esa manera saldremos todos ganando, podremos volver a los parque y a los jardines de glorietas y avenidas, sin temor a encontrarlos con esos montículos de minas quiebrapatas, con el fuerte hedor que expelen o a salir corriendo de miedo de las ratas.
Como no son sino 3.200, como nos han dicho, el trabajo que se generaría con la construcción sería transitorio, entonces les propongo. De los recovecos y cambuches donde hoy duermen, fuman, aspiran y copulan, se pueden sacar suficientes locales para que los subarrienden y ellos mismos los dirijan. Se alquilarían a las empresas de Chance, El Baloto, Gana, Mensajería, Remontadoras de zapatos, Reparación de bicicletas y de licuadoras, fotocopias, ventas de minutos, de plátanos y frutas, helados, y Bonice, chicles, papitas y besitos. Sé que muchos se podrían habilitar como cajeros automáticos o parqueaderos de bicicletas y de motos.
Si siguen mi sugerencia generaríamos empleos permanentes y liberaríamos grandes extensiones de espacio público que hoy indolentemente y con el beneplácito de los políticos buscadores de votos, ocupan tantos comerciantes informales, que ya también ocupan espacio en las estadísticas oficiales de merma del desempleo.
Creo que mi idea tiene futuro pues en la actualidad a mí, en el vecindario, no me pidieron certificar mi pedigrí, lo único que me piden es que no huela tan maluco y que deje mi basura separada en las canecas.
León M.N. Oct. 21 de 2014.



martes, 21 de octubre de 2014

Sr. Juan Carlos Vélez.
Da grima. Yo se que usted es paisa, que es actor político, de esos que llaman dirigentes (no lo sé) o que quiere serlo. También se que ocasional es columnista de Vivir en el Poblado y da la casualidad que hoy lo leí, (http://www.vivirenelpoblado.com/opini%C3%B3n/columnistas/juan-carlos-velez-uribe/11495-el-corazon-de-medellin) y me dio grima. (Grima: disgusto, desagrado físico, desazón, inquietud, dentera, amargor, aspereza.)
Habla usted como un periodista de esos que posan de estar muy informados, recitando estadísticas, que nadie sabe de dónde saca, y no hace falta que revele las fuentes pues se puede meter en líos. Pero lo que me da grima es que usted nos cuenta como gran noticia, cosas que todos ya sabemos. Y lo peor: Promete como las novelas, que continuará en otros capítulos, hablándonos del fleteo y de la prostitución.
Lo que más me dio grima, fue ese último párrafo de su columna. “hay que hacer algo, todos debemos poner un granito de arena para salvar el corazón de Medellín”. Me recordó las amonestaciones de mi abuela.
Yo y estoy seguro que muchísimos Antiqueños y Colombianos estamos mamaos de poner un granito de arena para tantas obras necesarias que nadie emprende verdaderamente. Y ustedes: los políticos, los dirigentes, los que disque tienen poder de decisión y de convocatoria, deben de dejar de hacer de periodistas y ofrecernos alternativas, soluciones, planes verdaderamente estudiados, porque a Medellín se la llevó el Putas.
El alcalde, los ediles, los secretarios del despacho, las fuerzas vivas, la policía, las ONGs, la iglesia y hasta la academia, los aguapaneleros, las damas Rosadas, las Grises, todos han puesto un granito de arena para solucionar el problema, que según sus estadísticas, causan: meros, íngrimos, sólo disque 3.200 habitantes de las calles. Y no lo han logrado.
Pónganse a trabajar verdaderamente en serio. No puede ser que estos 3.200 compatriotas míos y suyos, nos estén ganando la partida. Han colonizado todos los alrededores de la Plaza Minorista. La avenida Regional se sur a norte y toda la autopista. Todas las zonas verdes que conozco, las glorietas, los bajos de los puentes, las alcantarillas que dejó en desuso EPM con los trabajos de recuperación del Río. Todos los parques y todos los recovecos de las principales avenida.
Sé que con los impuestos que pagamos, (los que los pagamos) con los aportes de empresarios buena gente, de voluntarios y creyentes, les tienen casas de acogida donde les dan: baño, comida, ropa, útiles de aseo, hospedaje, medicinas. Los afeitan, los motilan, les hacen manicure, pedicure y despiojada, rezan con ellos y los aconsejan. Pero nada se ha logrado en mis 66 años en los que he venido oyendo de las campañas que emprenden para solucionar este problemita.
Señor Juan Carlos Vélez, lo anterior quiere decir que ni uno solo de los problemones que usted enumeró y otros que dejó en remojo, se arreglan con granitos de arena y buena voluntad. Se necesita trabajar con verraquera.
No quiero ser mala leche con usted, que tan desinteresadamente nos expuso sus inquietudes sobre la ciudad. Quiero darle una idea que desde hace días viene taladrando mi cerebro. Creo yo que algo falla en la concepción de lo que es el respeto a los derechos humanos y en la definición de lo que son las minorías.
Entre estos, que para usted sólo son 3.200 habitantes de las calles, que según lo que he leído en la prensa, en revistas más o menos serias, en debates de TV y radio y de la boca de entrevistados dirigentes y académicos, se cuentan: Enfermos mentales, desplazados, viciosos, discapacitados cognitivos y físicos, ladrones, atracadores, pelafustanes, jíbaros, jóvenes abandonados y a lo mejor algún monje anacoreta. He logrado agruparlos en esas 10 subcategorías y podríamos seguir diciendo que unos son niños, otros jóvenes, adultos otros y ancianos, entre los que hay de diferente género y orientación sexual. Algunos deben ser de Medellín y otros venidos o enviados de quién sabe dónde. Sr. Vélez, cada categoría en las que se puedan dividir este delirante y atormentador y poco esperanzador grupo de compatriotas míos y suyos, necesita y creo que merece un trato especial y diferente.
Pero esos 3.200 habitantes de la calle nos la montaron a todos los demás habitantes  de la urbe, que según datos oficiales somos: 2´500.000.
Yo que creo formar parte del montón, que no pertenezco a ninguna protegida minoría, creo que también tengo derechos, por ejemplo:
A pasear sin temor por las avenidas, los parque y jardines.
A no tener que cruzar los parques y los puentes tapándome la nariz para no sentir la hediondez de materia fecal y orines humanos; y a caminar mirando repetidamente al suelo para no ensuciarme los zapatos con las inmundicias que van dejando tiradas en el pasto y los andenes.
A vivir sin la angustia de que en la esquina pueden atracar, robar, herir o violar a mis hijos.
A poder ir en mi carro con la ventanilla abierta.
A que mi esposa pueda lucir la única alhaja que le he podido regalar que es la argolla de matrimonio. A que no tenga que ir al supermercado abrazando la cartera.
Que en la puerta de mi casa, en la de la panadería, de las iglesias y de las oficinas donde acudo, no tenga que esperar que se levante al habitante de la calle que decidió tomar ese lugar como su dormitorio.
Tengo derecho a calles aseadas, parques, limpios, andenes seguros. En resumidas cuentas, a un paisaje citadino amigable, no estresante y deprimente como el que hoy tenemos o el que se ve en la canalización del rio cuando vamos en el metro.
Estoy por creer que éste y los demás problemones que usted enumero y los que se le quedaron dentro del tintero, son problemas que nuestros dirigentes no quieren solucionar, porque no les importan, porque les conviene tenerlos allí porque generan votos, porque no tienen inteligencia suficiente para hacerlo o en última instancia porque que les da miedo.
Con el mayor respeto Sr. Vélez, economícese el capitulo que anunció sobre fleteo y prostitución, y más bien dedique ese tiempo y ese espacio para proponernos unas bien pensadas soluciones alguno de esos grandes problemones.

Con un abrazo antioqueño y sincero.  León Montoya Naranjo.

COLOMBIANÍAS





COLOMBIANÍAS

Quiero iniciar este Blog como un desahogadero  de todos aquellos embuchados que cada día quieren: los políticos, los periodistas y los predicadores, que me trague.

Lo inicio como lugar, donde depositar el producto de las autopurgadas que cada día debo darme, para no ir a morir de intoxicación por demasiado consumo de realidad o de mundanidad, que para mí es lo mismo.

Le quiero imponer vocación de cuarto de reblujos para acomodar allí las quejas inservibles, que no quiero dejar abandonadas para los recicladores.

Vocación de pañuelo de mocos y de lloriqueos vergonzantes, donde pueda quejarme, dolerme, criticas y desbarahustar a gusto, sin trancas y sin aceptar censuras.

Para mejor decirlo: 
Será mi diván de psiquiatra, el lugar de mi catarsis, el muro de mis lamentaciones y mis cuitas.

Bienvenidos los que quieran entrar a riesgo propio.
Pero si entran, luego no se quejen si salen: salpicados, empegotados, malhumorados, hastiados o aburridos, pues no los he invitado al circo. 

Aunque al circo también lo llamaron: Anfiteatro y anfiteatro también es el lugar para guardar cadáveres.

Entre pues a mirar sin compromiso.

León M.N. Oct.21 de 2014



APÁTRIDA.

Se fue la magia.
Ese vibrar titilante que casi siempre tiene mi paisaje.
Esas como hondas que recorren lo que miro.
Que hacen del firmamento un lago colorido.
Eso se fue hoy, o se ha escondido.

Las sombras de los montes y jardines
Para mí pobladas de luciérnagas
Hoy no son la casa del misterio y del encantamiento.
Son oquedad, cuencas vacías,
Cubiertas de polvo de carbón ya frío.

El brillo de las palabras que resonaba mi lugar.
Las que oía al pasar,
Sin prestar atención a su sentido.
Era como música raizal, de acento conocido.
O lo que llaman: denominación de origen.

No encuentro consonancia.
No advierto resonancia.
Sólo un badajo sordo golpea la campana.
Y en un aire pesado como greda
Se engullen disonancias.

La atmósfera abrigante,
Ese aroma envolvente
Que tienen los patios conocidos
Que debe estar presente para extrañarnos,
Para no sentirnos forasteros,

El misterio, el duende, el hado.
La vecindad, el paisanaje, el compadrazgo.
Hoy al asomarme a la ventana
Me he percatado que se ha perdido.
Y sin saber cómo fue, me sentí sin gentilicio.


León M. N. julio de 2013.


Como Introducción los quiero invitar a ver la siguiente publicación que he hecho en Calameo:
HAGA CLIC AQUÍ:

Apuntes para mi Historia Patria personal