APREHENDER
LA HISTORIA.
No se puede considerar el presente, más que con
tozos de recuerdos, pedazos,
apreciaciones, opiniones, escenas en penumbra o sin contexto.
La historia sucede lentamente ante nosotros
incapaces de percibirla, actuarla o construirla.
Sólo cuando los hechos se aceleran, podemos
verla y su estallido nos destella e incapacita.
Entonces continúa el lento arrastrarse
invisible de la historia, y de pronto, sin que nos percatemos, estamos
sepultados en el maloliente sarcófago de las promesas que nos hicieran los
mesías, mientras ellos, borrachos de poder se regodean sobre el charco de
frustración que provocaron.
Es que recuerdo cosas que otros aun no leen en
los libros o por no haberlas vivido las ignoran.
Espero que después de la borrachera de esta
fiesta de vísperas de la supuesta paz, no nos despertemos con la resaca de una
nueva frustración de democracia.
León M.N. Dic. 26 de 2014.
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